La Franja de Gaza es el territorio actualmente bajo control árabe comprendido entre las fronteras de Israel y Egipto, a espaldas del Mediterráneo.
Con una superficie total de 360 kilómetros cuadrados, acoge una población cercana al millón y medio de árabes palestinos, lo que convierte este territorio en una de las áreas más densamente pobladas del planeta.
Los principales núcleos de población del territorio son la ciudad de Gaza, en la costa, que alberga a unos 400.000 habitantes; Khan Younis, en el centro del territorio, poblada por 200.000 árabes palestinos; y la meridional Rafah, con 150.000 habitantes y el paso fronterizo más importante para la franja, pues a través de Egipto llega la vital ayuda humanitaria que contribuye a mitigar el sufrimiento de la población civil residente en el territorio.
El resto de la población está integrada por desplazados procedentes de las zonas en las se autoproclamó el Estado de Israel en 1948, que residen como refugiados en 8 campos administrados por la ONU en la Franja de Gaza. La depresión económica y el desempleo son la tónica dominante en el territorio, donde la mayor parte de la población masculina se ve afectada por lo periódicos bloqueos que les impiden acceder a Israel, donde trabajan como jornaleros eventuales en la construcción o la agricultura.
Sus actuales límites fronterizos fueron definidos a partir de la línea de armisticio (conocida como Línea Verde) establecida tras la victoria judía en la guerra que siguió a la proclamación del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948 y que es considerada como la primera guerra árabe-israelí.
Israel ejerce un férreo control a lo largo de los 51 kilómetros de frontera terrestre entre la franja y el Estado judío, los puestos fronterizos, el espacio aéreo y el litoral mediterráneo. Un muro separa físicamente Israel de la Franja de Gaza, evitando la permeabilidad fronteriza entre este territorio e Israel por motivos de seguridad interna.
La Franja de Gaza fue administrada por Egipto entre 1948 y 1967, cuando tras la Guerra de los Seis días en junio de 1967 Israel ocupó y se anexionó este territorio y también Cisjordania (o West Bank, en la terminología anglosajona).
Finalmente, fruto de las sucesivas negociaciones de paz con los palestinos (iniciadas en la Cumbre de Madrid de 1991), en agosto de 2005 el Gobierno de Israel retiró sus fuerzas de ocupación y procedió al desmantelamiento de asentamientos y al desalojo de colonos judíos residentes en la franja, transfiriendo el control del territorio a la Autoridad Nacional Palestina, con ‘capital’ en Ramala (Cisjordania). Tales medidas causaron gran malestar en los sectores más radicales de la política y la sociedad israelíes, que se tradujeron en un serio desgaste político durante el segundo mandato del ejecutivo derechista del Likud presidido por el polémico Ariel Sharon.
Precisamente, la política de asentamientos judíos en las zonas bajo futura soberanía palestina han sido, son y seguirán siendo un instrumento en manos de los elementos más extremistas del Gobierno y el espectro político israelí para dificultar el progreso de las negociaciones de paz conforme al principio ‘paz por territorios’ recogido en la incumplida Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU de 22 de noviembre de 1967.
Dos son los actores políticos de relevancia en los territorios palestinos: el partido palestino moderado Al Fatah, núcleo duro de la coalición de movimientos políticos que conocemos como OLP (Organización para la Liberación de Palestina), y que controla el poder ejecutivo, la Autoridad Nacional Palestina con sede en Ramala (Cisjordania); y el radical movimiento de resistencia islámica Hamás, mayoritariamente representado en el Consejo Legislativo Palestino (asamblea parlamentaria) y que ha hecho de Gaza su feudo electoral y de Gobierno al margen de la Autoridad Nacional Palestina, que hoy por hoy tan sólo controla Cisjordania, un territorio ocupado militarmente por Israel.
Creado en 1987 a raíz de la primera Intifada palestina en los territorios ocupados por Israel, el movimiento de resistencia islámico Hamás persigue la creación de un Estado islámico que comprenda los territorios palestinos y el actual Estado de Israel, cuya existencia no reconoce. Hamás ha utilizado desde entonces a su brazo armado, las Brigadas de Izzadine Al Qassam, y el terrorismo suicida como respuesta a la ocupación israelí de Palestina. Sin embargo, el movimiento se ha volcado en el trabajo social con la comunidad árabe palestina (construcción de escuelas, hospitales y mezquitas), lo que le ha otorgado gran popularidad, así como una sólida base social y electoral en detrimento de Al Fatah y la Autoridad Nacional Palestina.
Las primeras elecciones legislativas palestinas de enero de 2006 tuvieron como vencedor al movimiento de resistencia islámico Hamás, que sin embargo y desde un principio no contó ni con el respaldo ni la legitimidad del reconocimiento internacional al no reconocer el Estado de Israel ni los acuerdos logrados entre éste y los legítimos representantes del pueblo palestino (la Autoridad Nacional Palestina). Sin embargo, es importante señalar que Hamás cuenta con la legitimidad que le ha otorgado la población palestina, principalmente residente en la franja, en unas elecciones ‘democráticas’.
Los continuos choques en Gaza entre militantes armados de los partidos palestinos mayoritarios, el victorioso y radical Hamás y el moderado y hasta aquel momento soberano Al Fatah, condujeron al fracaso de la constitución de un Gobierno de unidad nacional palestino.
En junio de 2007 el movimiento de resistencia islámico Hamás impuso por la fuerza de las armas su control sobre las instituciones militares y de Gobierno palestinas en la Franja de Gaza, desplazando a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) controlada por Al Fatah y provocando una escisión política entre elementos radicales y moderados en los territorios palestinos: una Gaza erigida en fortaleza de Hamás y una Cisjordania ocupada por Israel a cargo de Al Fatah.
Pese a la victoria de Hamás en las elecciones de enero de 2006, que le otorgaron el control de la asamblea parlamentaria palestina, el Consejo Legislativo, el Presidente palestino Mahmud Abbas decretó la formación de un nuevo ejecutivo palestino excluyendo a Hamás.
El Gobierno internacionalmente reconocido de la Autoridad Nacional Palestina, controlado por el partido Al Fatah y presidido por el moderado Mahmud Abbas, carece de ejército y tan sólo dispone de una pequeña fuerza de seguridad con competencias limitadas en núcleos urbanos de Cisjordania. Los hombres en edad militar residentes en Gaza, donde la ANP carece de competencias de seguridad y de Gobierno tras la llegada al poder de Hamás, asciende aproximadamente a 300.000.
Por su parte, las llamadas Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) constituyen un poderoso ejército, invicto en las sucesivas guerras que han enfrentado a Israel con sus vecinos árabes en sus 60 años de historia nacional. Apoyado en el concepto de ciudadano-soldado, el sistema de defensa israelí determina un servicio militar universal para toda la población de 3 años de duración, parte de los cuales transcurren en servicio en los territorios ocupados, donde los soldados se familiarizan con el entorno en que se verán avocados a combatir algún día, como militares o reservistas.
Los ataques de Hamás son frecuentes desde la Franja de Gaza contra las poblaciones israelíes de las áreas fronterizas con piezas de artillería de pequeño calibre, morteros y misiles no guiados (tipo Qasaam o Katiusha) muchos de ellos de fabricación artesanal. Tales ataques motivan represalias periódicas por parte de la aviación israelí.
Los principales objetivos de la operación militar israelí en curso son garantizar la seguridad de la población judía eliminando la amenaza de los ataques llevados acabo desde Gaza y deponer al Ejecutivo del movimiento islamista radical Hamás que actualmente gobierna la franja.
Los ataques con misiles de alcance superior a los 25 kilómetros lanzados por los militantes de Hamás desde la Franja de Gaza amenazan la seguridad de un 10% de la población israelí, asentada en las áreas adyacentes de este territorio bajo control árabe.
La complejidad táctica de una eventual invasión terrestre del territorio radica en que se llevará a cabo en un entorno de combate urbano donde la densidad de población y la interacción con elementos no combatientes será constante para los soldados israelíes. La elevada intensidad de los posibles enfrentamientos entre militantes de Hamás y las tropas israelíes en áreas urbanas hace esperar un considerable número de bajas civiles y daños colaterales en el transcurso de una acción de limpieza que se prevé calle por calle y casa por casa.
La negativa israelí a negociar una tregua humanitaria, unida al férreo bloqueo de la franja y sus vías de escape y suministro (toleradas hasta la fecha), así como la movilización y concentración de fuerzas terrestres en las zonas fronterizas, son signos inequívocos de la voluntad israelí de eliminar físicamente la amenaza que los militantes radicales islámicos de Hamás representan para la seguridad de los asentamientos judíos en las proximidades de la franja, al sur y el este de Israel.
Sin embargo, el contexto político internacional, con una presidencia republicana de los Estados Unidos en declive y sumida en el ‘’síndrome del pato cojo, que muestra un apoyo tácito a la política de ‘autodefensa’ israelí, condiciona un margen temporal limitado a 3 semanas para la conducción de la fase crítica de las operaciones militares (la campaña terrestre) antes de la toma de posesión como Presidente de Barack ‘Hussein’ Obama, quien trae consigo un renovado halo de esperanza para el logro de una paz duradera en la región.
No obstante, una nueva ronda negociadora sólo será posible entre la Autoridad Nacional Palestina y el Gobierno israelí, para los que el radicalismo de Hamás representa un serio obstáculo para el éxito de cualquier futura negociación. No es de extrañar pues la tibia respuesta que tanto la Liga Árabe como la Autoridad Nacional Palestina (no así la comunidad árabe musulmana) han mostrado frente a las acciones militares israelíes en Gaza contra este elemento disidente en las filas palestinas que obstaculiza el logro de la paz duradera. ¿Es pues la eliminación de Hamás como agente político en la escena política palestina un mal necesario que suscita un consenso tácito entre las partes implicadas?