Tutorial: Uranio empobrecido 101

¿Qué es el uranio empobrecido?

El uranio empobrecido es el subproducto resultante del proceso de enriquecimiento del uranio natural para su uso en la fabricación de armas atómicas o como combustible en los reactores nucleares. El uranio natural es un metal levemente radiactivo abundante en muchas rocas y suelos, así como en los ríos y en el agua del mar. Está compuesto fundamentalmente por dos isótopos o formas de uranio, el Uranio 235 (U235) y el Uranio 238 (U238), mezclados en una proporción del 0,7 y 99,3 por ciento respectivamente.

Los reactores nucleares requieren Uranio 235 para producir energía a partir de la fisión de sus átomos, por lo que el uranio natural tiene que ser refinado o enriquecido para obtener el isótopo U235 a partir de su segregación del isótopo U238. El uranio residual generado por el proceso de enriquecimiento, U238, se denomina uranio empobrecido, que es un 40 por ciento menos radiactivo que el uranio en su estado natural. El U238 tiene una vida media de 4.500 millones de años, lo que le otorga una gran longevidad al ser muy lenta su tasa de descomposición.

El uranio empobrecido se transforma químicamente en metal, permitiendo así su empleo como materia prima a los fabricantes de municiones militares y del sector industrial civil. Las propiedades físicas de este material transuránico, principalmente su alta densidad y carácter incendiario, lo hacen muy adecuado para su empleo en la fabricación de municiones antitanque, concretamente de la cabeza de los proyectiles penetradores de blindaje de energía cinética del tipo APFSDS (del Inglés, Armoured Piercing Fin-Stabilised Discarding Sabot, proyectil subcalibrado perforante de blindajes de casquillo desechable estabilizado por aletas).

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Proyectil APFSDS

Uso militar del uranio empobrecido 

El uranio empobrecido (DU, del Inglés, Depleted Uranium) se usa como materia prima en la fabricación de la cabeza del proyectil penetrador como elemento inerte, pues no se trata de una cabeza de guerra de alto explosivo (HEAT). Este tipo de munición cinética no explota, sino que aprovecha la densidad y velocidad del proyectil, de 1.800 metros por segundo, para hacerlo penetrar en el blanco mediante la aplicación concentrada de su energía cinética sobre un área extremadamente pequeña de la superficie del blindaje. Una vez en el interior del blindado designado como blanco, las finas partículas de uranio producidas por el impacto del proyectil, altamente inflamables al contacto con el aire, podrían ocasionar la ignición de los materiales combustibles de la cámara de la tripulación e incluso la detonación de la munición que en ésta lleva almacenada un carro de combate.

En su aplicación a los proyectiles perforantes de blindaje, el uranio empobrecido ha demostrado una gran ventaja cualitativa sobre otros materiales pesados destinados al mismo propósito, permitiendo a los carros de combate dotados con este tipo de munición destruir blancos acorazados a distancias considerablemente mayores (en torno a los 4.000 metros). Asimismo, la densidad y resistencia del uranio empobrecido también lo hacen ideal para su utilización en el desarrollo de nuevos blindajes para los medios acorazados.

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Arriba: Despliegue del proyectil subcalibrado estabilizado por aletas y casquillo desechable

Riesgos para la salud del combatiente

 El uranio empobrecido es un isótopo radiactivo del uranio, aunque su radiactividad se reduce al 60 por ciento respecto a la forma natural de este mineral. El Uranio 238 o uranio empobrecido es fundamentalmente un emisor de partículas alfa, que no tienen la suficiente energía para atravesar la piel y por lo tanto no suponen una seria amenaza para la salud humana o animal. Internamente, en cambio, las partículas alfa pueden resultar perjudiciales si son inhaladas o ingeridas en cantidades suficientes.

Cuando un proyectil de uranio empobrecido impacta sobre un objetivo se fragmenta y arde, contribuyendo con ello a que los residuos de óxido de uranio resultado de la detonación y presentes en el ambiente en forma de polvo se evaporen. Entre un 46 y un 96 por ciento de estos residuos adquirirán la forma de aerosol. Alrededor del 70 por ciento de ese óxido de uranio en suspensión en el aire estará presente en forma de finas partículas fácilmente inhalables e ingeribles. Especialmente peligrosas resultan aquéllas que por su reducido tamaño penetran en los tejidos orgánicos, sobre todo en el pulmonar, y quedan allí alojadas durante años pudiendo moverse lentamente durante este tiempo afectando a otros órganos sensibles, como los riñones.

Las investigaciones del Departamento de Defensa de EE.UU. muestran que, en ciertos entornos de combate, el uranio empobrecido puede penetrar en el cuerpo humano por inhalación, ingestión o infección (a través de heridas) en forma de pequeñas partículas residuales de óxido de uranio presentes en el ambiente como resultado de los impactos y el fuego. Los riñones son particularmente sensibles al daño producido por altas dosis de uranio, cuyos efectos tóxicos sobre aquellos se asemejan a los causados por otros metales pesados. Es precisamente como consecuencia de tal debilidad por lo que los expertos han determinado que el riñón es el órgano para el que cabe esperar los efectos más dramáticos por la exposición al uranio.

Finalmente, la inhalación de óxido de uranio no se reduce únicamente a las partículas producidas por la detonación de un proyectil sobre el blanco, ya que cuando se dispara, la munición de uranio empobrecido libera gases residuales contaminantes en la cámara de la tripulación del carro de combate, afectando estos a sus tripulantes, particularmente al artillero.

El uranio empobrecido supone por todo ello un peligro tanto para los combatientes como para los no combatientes, militares o civiles, amigos o enemigos.

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Arriba: Efecto del impacto de un proyectil de uranio empobrecido sobre un carro de combate T-72 de la Guardia Republicana Iraquí en el desierto meridional de Irak, Febrero de 1991

Impacto medioambiental

El uranio empobrecido resulta tóxico cuando se asocia con Tungsteno, el material que constituye la materia prima con la que se fabrica el penetrador cuya punta se endurece con uranio para dotarlo de mayor capacidad de perforación. El Tungsteno es un material ideal para este propósito, pues mantiene su integridad a temperaturas extremas, como las producidas por el impacto del proyectil, permitiendo al penetrador golpear con toda su fuerza para atravesar limpiamente el blindaje del carro designado como blanco.

Cuando un proyectil de uranio empobrecido no logra dar en el blanco se precipita al suelo a alta velocidad y normalmente queda enterrado, exponiendo el material directamente al entorno natural, por lo que plantas, animales y cursos de agua quedarán expuestos a las partículas de óxido de uranio liberadas por la degradación del proyectil. Peores aún son los efectos del óxido de uranio residual presente como resultado de los impactos certeros. Una gran parte de las partículas inhalables liberadas al medio ambiente por las detonaciones permanecerán suspendidas en el aire durante horas tras los ataques.

Además, con el tiempo, la emisión a la atmósfera de partículas residuales resulta periódica a consecuencia del viento y el tránsito de vehículos por las zonas contaminadas (especialmente de los helicópteros). Un ejemplo muy ilustrativo a este respecto es la detección de óxido de uranio en el aire de Kuwait City en 1993, casi dos años después de la guerra por la libración del emirato.

Los proyectiles de uranio empobrecido fueron empleados por vez primera en combate por las fuerzas estadounidenses y británicas en la guerra del Golfo de 1991. Desde entonces, el uso continuado y la rápida proliferación de este tipo de munición han contribuido a erigirla en una herramienta indispensable de la guerra moderna, lo que asegurará virtualmente su empleo en los conflictos que se desarrollen a lo largo de este nuevo siglo.

El uso de tal arma de guerra ya no es ningún secreto. Por el contrario, sí lo es la cantidad utilizada de esta munición, a la que ya se ha bautizado como el ‘agente naranja’ de los años 90 en clara alusión a los efectos nocivos del defoliante utilizado durante la guerra de Vietnam para eliminar la vegetación que daba cobertura a un enemigo escurridizo y que se reveló finalmente cancerígeno. Esta incertidumbre impide conocer la magnitud de la amenaza a la que nos enfrentamos, ya que una vez liberado en el aire el uranio empobrecido no puede ser controlado, ni su consecuente propagación predecida, hasta el punto de que permanecerá suspendido en el medio ambiente suponiendo una amenaza muy real en los años venideros.

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