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Proyecto Isla Griega, el búnker del Greenbrier

31 diciembre 2012

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En la localidad estadounidense de White Sulphur Springs, Virginia Occidental, en un frondoso valle al pie de las montañas Allegheni, se encuentra el pestigioso hotel de lujo The Greenbrier, bajo el que yace enterrado uno de los secretos mejor guardados de la Guerra Fría, el búnker concebido para refugiar a los congresistas y senadores de los Estados Unidos durante el transcurso de una emergencia nacional.

La construcción del búnker comenzó a finales de la era Eisenhower, en 1959, y la instalación entró en funcionamiento en 1961. Durante más de 30 años fue mantenida plenamente operativa por un reducido grupo de empleados federales que trabajaban como técnicos para Forsythe Associates, una compañía tapadera del gobierno que prestaba servicios de mantenimiento de los televisores y sistemas audiovisuales del Greenbrier.

Bautizado como Isla Griega (Greek Island), el proyecto fue parte del Programa para la Continuidad del Gobierno, la iniciativa federal dirigida a garantizar la supervivencia de la forma de gobierno constitucional y de los poderes federales bajo cualquier circunstancia que amenazase a la nación.

El búnker fue concebido para refugiar durante 60 días a 1.100 personas, en concreto a los 435 miembros de la Cámara de Representantes, a los 99 senadores y a sus ayudantes, además del personal adscrito a la propia instalación. Sin embargo, el refugio podría dar cabida a un máximo de 1.400 personas en caso necesario haciendo uso de un área presurizada aneja al complejo subterráneo.

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El protocolo de actuación establecía que en los albores de la declaración de una emergencia nacional el Gobierno Federal asumiría el control de todas las instalaciones de The Greenbrier, cuyo búnker estaría preparado para recibir a sus ‘huéspedes’ en apenas 4 horas.

La evacuación de los representantes y su personal se realizaría por carretera (un trayecto de unas 5 horas desde Washington) o por tren desde el Distrito de Columbia; por tal motivo el Greenbrier cuenta con su propia estación de ferrocarril del operador federal Amtrak. Los huéspedes también podrían llegar en avión al cercano aeropuerto de Greenbrier Valley, desde cuya pista de 2.134 metros de longitud pueden operar aviones comerciales.

No obstante, la efectividad del búnker sólo hubiera sido posible en el supuesto de que la evacuación pudiera producirse discretamente con muchas horas o incluso días de antelación a un eventual ataque. Acontecimientos como los del 11 de septiembre de 2001, o la rápida movilización de los actuales vectores de armas nucleares, capaces de alcanzar objetivos en el otro lado del mundo en apenas una hora, han dejado obsoletas las previsiones de los planificadores.

Desde su puesta en funcionamiento, el búnker sólo entró en estado de máxima alerta en una ocasión, durante la llamada Crisis de los misiles en la isla de Cuba, en octubre de 1962.

La clave del éxito de la instalación del Greenbrier residía más en el secreto que en su capacidad para soportar un impacto directo en caso de ataque nuclear. Sin embargo, la existencia del búnker ha sido un rumor muy vivo en la comunidad rural del condado desde que comenzaron las obras de ampliación del Greenbrier en 1959. La profundidad de la excavación y el ingente volumen de cemento empleado levantó sospechas en las cuadrillas de trabajadores y entre la población local.

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La concepción y construcción de la instalación se realizó durante el segundo mandato de Eisenhower. La Administración llegó por aquel entonces a un acuerdo con los propietarios del hotel para costear la construcción del Ala West Virginia a cambio de albergar bajo ella la instalación secreta, de la que la ampliación del Greenbrier fue en realidad la tapadera.

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Catalogado como monumento histórico nacional, The Greenbrier fue utilizado como lugar de internamiento para diplomáticos japoneses, alemanes e italianos en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, durante el período 1941-1942. El 1 de septiembre de 1942 el Ejército de los Estados Unidos arrendó la propiedad a la Chesapeake & Ohio Railroad para convertirlo en un hospital militar de 2.200 camas, que trató en dos ocasiones al entonces militar y después Presidente Eisenhower. En marzo de 1956, The Greenbrier acogió una cumbre entre los gobiernos de los Estados Unidos, Canadá y México, durante la que las telefonistas del hotel respondían a los teléfonos con el saludo ‘Greenbrier White House’.

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La construcción del búnker al amparo del nuevo ala del Greenbrier, que comenzó bajo el nombre código de ‘Proyecto Casper’, duró dos años y medio (1959-1961) y supuso el vertido de 50.000 toneladas de hormigón y un coste para los contribuyentes estadounidenses de alrededor de 86 millones de dólares de aquel entonces.

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El búnker

La instalación se encuentra enterrada a unos 22 metros de profundidad en la ladera de la colina sobre la que se erige el ala oeste del Greenbrier (West Virginia Wing). Los muros y techos son de hormigón armado de 1,5 metros de espesor y una capa de tierra adicional de entre 6 y 18 metros de altura cubre el espacio entre el búnker subterráneo y el edificio que lo corona, ofreciendo una protección adicional contra la radiación.

La superficie total del búnker es de 10.455 metros cuadrados distribuidos en dos niveles y 153 estancias, que comprenden, entre otras, una clínica, una cafetería, 18 dormitorios, un salón para sesiones plenarias y 2 salas de reuniones para las sesiones del Congreso y el Senado, un estudio de televisión y una sala de prensa, una sala de comunicaciones, un archivo, una planta de generadores, unidades de descontaminación, así como dependencias para el personal de seguridad y el almacenamiento de suministros.

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La instalación contaba con 18 dormitorios distribuidos entre los dos niveles del búnker, equipados con literas y taquillas metálicas, aseos, duchas y una pequeña salita. Cada uno tenía capacidad para 60 personas. Los líderes del Congreso y del Senado disponían de su propio dormitorio y área de conferencias en el segundo nivel del complejo. Las literas y dependencias del búnker eran reasignadas tras cada elección.

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La cafetería disponía de capacidad para servir 400 comidas simultáneamente en un comedor de 700 metros cuadrados cuyas paredes estaban adornadas con falsos ventanales que ofrecían panorámicas campestres. La cocina podría alimentar durante 60 días a 1.100 personas gracias a los suministros almacenados en la instalación.

La clínica, con capacidad para 14 camas, estaba equipada con un quirófano, unidad de cuidados intensivos, laboratorio, unidad dental y consulta de enfermería en una superficie de 557 metros cuadrados. La instalación disponía así mismo de una farmacia totalmente aprovisionada que contaba con la medicación prescrita de todos los miembros de ambas cámaras. La clínica sería atendida por personal médico militar (35 personas) trasladado al búnker durante el comienzo de la crisis.

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El complejo contaba con un salón de 1.537 metros cuadrados para albergar las sesiones conjuntas de las dos cámaras. Esta sala de 18 columnas es la más grande de la instalación y fue incorporada como planta baja del Ala West Virginia junto a otras dos salas de reuniones concebidas para la celebración de las sesiones del Congreso y del Senado, con capacidad para 470 y 130 personas respectivamente.

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Las 3 dependencias, situadas bajo el nuevo ala del Greenbrier, han sido utilizadas durante años como sala de exposiciones y lugar de reunión por los clientes del hotel sin que estos se percatasen de la existencia del búnker, ya que las grandes puertas acorazadas se encontraban ocultas tras falsos tabiques en los accesos desde los corredores de la planta baja.

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La sala de prensa, situada en el nivel superior, dispone de un gran mural con la cúpula del Capitolio en Washington que serviría de fondo al orador en la retransmisión de los mensajes televisados a la nación por parte de sus representantes. Un pequeño estudio de radio y una sala de comunicaciones telefónicas encriptadas permitirían la comunicación con el exterior. El nivel inferior albergaba un estudio de televisión y un centro de comunicaciones electrónicas.

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Una sala de 400 metros cuadrados albergaba, bajo estrechas medidas de seguridad, una serie de contenedores precintados que contenían toda la documentación necesaria para garantizar el funcionamiento de las cámaras en la instalación subterránea.

Los sistemas vitales del búnker fueron permanentemente actualizados durante 30 años para mantener la instalación en condiciones operativas en todo momento.

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El búnker cuenta con 4 accesos, protegidos por 4 grandes puertas acorazadas realizadas en acero y hormigón diseñadas por Mosler Safe Company, que aislarían la instalación del exterior y del peligro de la radiación. Estas puertas deberían soportar la onda expansiva de una explosión nuclear moderada a una distancia mínima de seguridad de 15 millas (24 km).

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Las puertas se encuentran equilibradas sobre unas grandes bisagras que hacen posible que una sola persona pueda abrirlas o cerrarlas con rapidez. El mecanismo de cierre sólo se encuentra en el lado interior de la puerta, protegido de la onda expansiva de una posible explosión nuclear.

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Tres de las cuatro entradas a la instalación se encuentran en los terrenos del hotel convenientemente disimuladas como almacenes y la otra da acceso al búnker desde el interior del edificio. Los accesos este y oeste cuentan con sendos túneles para la entrada de vehículos.

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La entrada oeste de la instalación es un túnel de 132 metros de longitud protegido por muros de cemento armado de 1 metro de espesor y por una enorme puerta de 3,6 x 3 metros, 25 toneladas de peso y 45 centímetros de grosor. Constituye la vía de entrada de suministros y de evacuación de residuos, pero también se utiliza como área de almacenamiento. El túnel conduce directamente a dos áreas de descontaminación que dan acceso a las instalaciones.

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La entrada este del complejo cuenta con otro túnel, protegido por una puerta Mosler de 30 toneladas de peso, que da acceso a la mayor de las dependencias de la instalación, disimulada como salón y con acceso directo desde el hotel a través de otra puerta de 18 toneladas situada tras un falso tabique.

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La planta eléctrica del búnker, integrada por 3 generadores diesel de 675 kilowatios de potencia unitaria y dos generadores de vapor, es totalmente autónoma y proporcionaría un suministro ininterrumpido de energía a la instalación durante 40 ó 45 días. El búnker cuenta con dos unidades de refrigeración y sistemas de filtrado de aire que preservan el ambiente interior de la amenaza nuclear, biológica, química y radiológica (NBQR).

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El nivel inferior del búnker alberga una sala de máquinas, planta potabilizadora y 3 depósitos de agua de 94.635 litros cada uno, además de 3 depósitos de gasolina y diesel de 53.000 litros y un incinerador. El suministro de agua es subterráneo y procede de un pozo situado en los lindes de la propiedad.

En el exterior, una antena equipada con sensores ópticos detectaría el resplandor de una detonación nuclear alertando a la instalación subterránea de la inminente onda expansiva. Una torre de radio a 7 kilómetros del hotel y conectada con el búnker serviría para emitir los mensajes de emergencia producidos en los estudios de la instalación subterránea.

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El secreto al descubierto

El domingo 31 de mayo de 1992, el periodista Ted Gup publicó en el dominical del diario The Washington Post el artículo titulado ‘The ultimate congressional hideaway, que revelaba la existencia del búnker y ponía fin a más de tres décadas de rumores acerca del secreto que guardaba The Greenbrier.

Una vez revelada su existencia, la instalación fue desactivada el 31 de julio de 1995 y el búnker fue reconvertido en un museo que ofrece visitas guiadas por la instalación desde 1996.

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Los planes de contingencia del Gobierno Federal contemplarán sin duda una localización alternativa para asegurar la supervivencia del poder legislativo en el supuesto de una crisis nacional. De hecho, las reiteradas demoras en la construcción del Centro de Visitantes del Capitolio de los Estados Unidos, inaugurado en 2008 bajo la plaza de la fachada este del edificio, han despertado rumores acerca de la posible existencia de una instalación similar a la del Greenbrier bajo la colina del Capitolio en Washington D.C. Una demora de 4 años en la inauguración y un sobrecoste de 356 millones de dólares parecen acrecentar las sospechas acerca de los secretos que encierra el Capitolio.

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Operaciones aéreas a bordo del portaaviones Liaoning de la Armada China

29 diciembre 2012

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La Fuerza Aérea de la Armada del Ejército Popular de Liberación (PLANAF) ha comenzado a finales del mes de Noviembre las operaciones de vuelo en el portaaviones Liaoning con el apontonaje y despegue sobre su cubierta de dos cazas navales Shenyang J-15 Flying Shark.

Las operaciones de vuelo de los J-15 consistieron en aterrizajes sobre la cubierta con cables de frenado y en despegues asistidos por el plano inclinado de proa (ski jump) del portaaviones.

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El J-15 es un avión de caza polivalente de diseño y construcción china desarrollado mediante retroingeniería del cazabombardero bimotor ruso Sukhoi Su-33 Flanker-D. Sin embargo, la planta motriz de los aparatos utilizados en los ensayos a bordo del Liaoning siguen siendo los turbofan rusos Saturn AL-31F, que próximamente serán sustituidos en los J-15 por los Shenyang Liming WS-10A chinos.

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A comienzos del mes de Noviembre también fue revelado que Shenyang Aircraft Corporation ha puesto en vuelo una versión biplaza del caza naval Flying Shark, cuya denominación es J-15S Black Shark y que podría constituir una versión de ataque embarcada del caza J-15.

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Arriba: Shenyang J-15S Black Shark, PLANAF

Análisis

El aparente éxito de las operaciones de vuelo a bordo del Liaoning pone de manifiesto la capacidad de la Armada de la República Popular de China (PLAN) para desplegar cazas embarcados, sin embargo ello no implica que se haya alcanzado un grado de madurez operativa suficiente, que sólo el tiempo y la experiencia podrán aportar.

No obstante, durante 2012, la Armada china ha intensificado el adiestramiento de sus tripulaciones de vuelo y los ejercicios de aproximación y despegue de los cazas navales J-15 en sus instalaciones de vuelo experimentales de tierra firme en Xian-Yanglian e iniciado la construcción de 24 nuevos refugios para aeronaves en la base aérea naval de Huangdicum, en la provincia de Liaoning, que contará presumiblemente con el primer regimiento operativo de J-15 Flying Shark de la PLANAF. El futuro componente aéreo embarcado de J-15 en el portaaviones Liaoning se estima en 18 aparatos.

Impresión artística del componente aéreo embarcado del portaaviones Liaoning, cazas Shenyang J-15 Flying Shark. Haga clic sobre la imagen para ampliarla.

La República Popular carece de tradición en el empleo de portaaviones y de aliados cercanos de los que adquirir la experiencia necesaria para su empleo operativo, sin embargo el alto grado de competencia mostrado por el personal de vuelo y de cubierta en las recientes operaciones aéreas a bordo del Liaoning revelan que los progresos chinos son mayores de lo que los analistas occidentales estaban, en un principio, dispuestos a admitir.

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La puesta en servicio del portaaviones Liaoning a finales de Septiembre de 2012 evidencia la determinación china de reivindicar su autoridad regional mediante el desarrollo de una estrategia naval de aguas profundas que podría materializarse en la construcción de 2 ó 3 portaaviones más durante la próxima década.

De este modo, la República Popular de China se convertiría en una potencia naval capaz de salvaguardar los derechos e intereses marítimos chinos y apoyar la explotación de los vitales recursos marinos en su zona económica exclusiva y mar territorial.

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China revela el helicóptero de ataque Z-10

27 diciembre 2012

Helicóptero de ataque Changhe Z-10, Ejército Popular de Liberación, China. Foto:  Agencia Xinhua - Liang Xu,

El Ejército Popular de Liberación ha presentado públicamente el 13 de noviembre de 2012 el helicóptero de ataque Changhe Z-10 durante la IX Edición de la Exhibición Internacional Aerospacial de China, celebrada en Zhuhai, en la provincia meridional de Guangdong.Ilustración, Changhe Z-10, Ejército Popular de Liberación (PLA)

Changhe Z-10 del PLA durante su exhibición del 13 de noviembre de 2012 en Zhuhai, China. Foto: Agencia Xinhua

El Z-10 es un helicóptero contracarro e interdicción de diseño chino construido por Changhe Aircraft Industries Corporation (CAIC) y el principal aparato especializado de ataque del Ejército Popular de Liberación (PLA).

Como armamento principal el Z-10 cuenta con un cañón automático de 23 mm a proa y su armamento  comprende misiles contracarro guiados por láser (hasta 8 HJ-10) y aire-aire (8 TY-90 ó 4 PL-5, PL-7 o PL-9), además de cohetes no dirigidos, y dispone de una capacidad bélica máxima de 1.500 kg. Como elementos de puntería cuenta con una torreta con sensores de visión nocturna tipo FLIR (Forward Looking Infra-Red) y de adquisición de objetivos.

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Las entregas del Z-10 a las unidades operativas del PLA comenzaron en 2009. El Z-10 opera actualmente con 4 brigadas de aviación del Ejército Popular (5ª, 6ª, 8ª y 9ª), que tienen en servicio un total de 48 aeronaves en sendos escuadrones de ataque formados por 12 aparatos por brigada. La 9ª Brigada se ha convertido en el operador más reciente del Z-10.

Formación de helicópteros de ataque Z-10 del Ejército Popular de Liberación (PLA)

Arriba: Changhe Z-10 (PLA)

El Z-10 se complementa desde el punto de vista operativo con el helicóptero ligero de ataque y reconocimiento Harbin Z-19, ya en servicio con el PLA, que también exhibió sus capacidades en la muestra de Zhuhai.

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Helicóptero ligero de ataque y reconocimiento Harbin Z-19, Ejército Popular de Liberación (PLA)

Arriba: Harbin Z-19 (PLA)

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Amenazas asimétricas: Pulso electromagnético

26 diciembre 2012

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El pulso electromagnético o EMP (del Inglés, Electromagnetic Pulse) es un fenómeno físico que genera un campo instantáneo de energía electromagnética de gran intensidad que sobrecarga o inutiliza los equipos electrónicos y los microcircuitos de alta tecnología, especialmente sensibles a las descargas de energía.

Los sistemas electrónicos más comunes de las infraestructuras telemáticas y de telecomunicaciones civiles y de las redes de distribución de energía resultarán afectados por un EMP pues, a diferencia de los sistemas e infraestructuras de información y comunicaciones militares más críticos, no se encuentran protegidos contra sus efectos. No obstante, algunos equipos, armas y sistemas dependientes de la infraestructura civil resultarán igualmente afectados. Si bien el EMP afecta a los componentes electrónicos, resulta relativamente inocuo para el cuerpo humano.

La crítica dependencia de nuestra sociedad del suministro eléctrico nos hace vulnerables a los efectos de un EMP, que podría provocar daños en sistemas vitales que tardaríamos meses o incluso años en reparar y que tendrían consecuencias catastróficas para la seguridad nacional de cualquier Estado desarrollado.

La utilización de la energía electromagnética como arma de guerra a través de la generación de un EMP sólo es posible como efecto secundario de la detonación de un artefacto nuclear o por medio de la emisión de potentes microondas, aunque con efectos mucho más limitados que en el primer caso.

El pulso electromagnético de gran altitud o HEMP (del Inglés, High-Altitude Electromagnetic Pulse) se produce cuando se detona una cabeza nuclear sobre la superficie terrestre en las capas más altas de la atmósfera. Los rayos gamma producidos por la explosión nuclear interaccionan con las moléculas del aire acelerando los electrones, cargándolos de energía e ionizando la atmósfera, lo que genera un poderoso campo eléctrico instantáneo que sobrecarga los circuitos de los aparatos eléctricos a través de los materiales conductores, el cableado o la propia red eléctrica, que actúan como antena transmitiendo el pulso de energía hasta los componentes clave y más vulnerables de los dispositivos electrónicos, los microcircuitos y los chips, que quedarán inutilizados por efecto de la sobrecarga de energía.

El alcance del HEMP puede ser de miles de kilómetros a partir de la zona cero dependiendo de la altitud a la que se produzca la detonación y del diseño y poder explosivo del artefacto nuclear utilizado para generar el pulso.

Sin embargo, la eficacia de un HEMP está condicionada por la potencia del ingenio nuclear empleado, que habría de ser de al menos 1 megatón*, y por la capacidad de proyectar la cabeza nuclear a la altura adecuada para la detonación por medio de un misil balístico o de un vector de lanzamiento espacial.

[(*) Equivalente a la explosión de un millón de toneladas de Trinitrotolueno (TNT); una potencia explosiva 8 veces superior a la de la bomba atómica lanzada en agosto de 1945 sobre Hiroshima (de 12,5 kilotones)]

Por ejemplo, la detonación de una cabeza nuclear de un megatón sobre la plaza de Sol en Madrid a una altitud de 30.000 metros produciría un pulso electromagnético que afectaría al territorio situado en un radio de 800 km, lo que comprende España y Portugal, el archipiélago de Baleares, Marruecos y el sur de Francia.

En aras de limitar el alcance y focalizar los efectos de un pulso electromagnético sobre una zona objetivo, durante la Guerra Fría los Estados Unidos concibieron la doctrina del pulso electromagnético regional o SREMP (del Inglés, Source Region Electromagnetic Pulse) generado a partir de la detonación de un ingenio nuclear a baja altitud. Este pulso es mucho más intenso que el HEMP por la proximidad de la fuente de emisión al suelo, que actúa como conductor de energía. En este supuesto el pulso electromagnético tendría un impacto devastador sobre los sistemas electrónicos situados a distancias de entre 3 y 8 kilómetros de la zona cero, cuyas infraestructuras recibirán así mismo la onda expansiva y térmica y la emisión de radiación resultante de la detonación nuclear con diversos efectos.

El SREMP fue concebido como una táctica para inutilizar los vitales sistemas electrónicos de blancos estratégicos, como los silos de lanzamiento de misiles intercontinentales, bien protegidos contra la detonación, la onda expansiva y los efectos térmicos de las armas nucleares. En lo concerniente a su empleo táctico en el campo de batalla, el SREMP resulta problemático, pues sus efectos serían tan adversos para los sistemas del adversario como para los de las fuerzas propias y aliadas.

Finalmente, existe otra forma menos eficiente y por ende menos destructiva de generar un pulso electromagnético mediante las microondas de alta potencia o HPM (del Inglés, High Power Microwaves). Las HPM producen un efecto similar al HEMP generando un campo electromagnético a partir de una explosión química cuya onda expansiva se conduce a través de un aceite especial denominado generador de compresión de flujo. Las microondas pueden ser dirigidas con precisión mediante el uso de antenas especiales en aras de limitar su alcance y concentrar su efecto sobre un área específica, lo que resulta imposible en el caso del HEMP. A diferencia de los efectos relativamente inocuos del HEMP sobre las personas, las HMP pueden producir daños en el cuerpo humano por proximidad a la fuente de emisión o por encontrarse en la trayectoria del haz de energía de alta potencia.

Dada la crítica interdependencia y conectividad de la infraestructura telemática y de telecomunicaciones actual, los efectos de un pulso electromagnético afectarían a las comunicaciones y al equipamiento de los servicios de emergencia y de los hospitales; generarían cortes de larga duración en el suministro de energía; escasez de combustible, agua y alimentos por la parálisis del sistema de transporte, ya que los efectos del pulso inmovilizarán permanentemente la flota de vehículos civiles con arranque y sistemas de control electrónicos; y causarán la inoperancia o deficiencias en los sistemas militares dependientes de la infraestructura civil. En resumen, caos.

Las perspectivas de reconstrucción de las infraestructuras básicas tras sufrir un pulso electromagnético son inciertas, especialmente por las dificultades derivadas de la parálisis de las comunicaciones, aunque la estimación más optimista es desde meses a varios años hasta alcanzar los niveles de rendimiento actuales.

La facilidad de acceso a las nuevas tecnologías y la proliferación de armas nucleares a la que estamos asistiendo, unidas a los efectos devastadores de un EMP sobre las sociedades más desarrolladas a consecuencia de su creciente dependencia tecnológica y energética, constituyen un incentivo para que cada vez más naciones adquieran capacidades asimétricas de esta naturaleza, cuya utilización no implicaría necesariamente una perdida masiva de vidas, al menos en este caso concreto no como efecto directo del EMP sobre las personas.

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E-4B Nightwatch

25 diciembre 2012

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El Boeing E-4B Nightwatch es una aeronave concebida por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) como puesto de mando y control avanzado aerotransportado para la autoridad nacional durante emergencias*.

Constituye el centro de operaciones aerotransportado para el Presidente de los Estados Unidos, el Secretario de Defensa o los miembros de la Junta de Jefes de Estado Mayor (JCS) ante la eventualidad de una emergencia nacional de carácter militar, como un conflicto nuclear o un ataque como el del 11 de Septiembre.

En tal situación, el avanzado equipo de comunicaciones de abordo y la elevada capacidad de supervivencia de la aeronave convierten al E-4B en un puesto de mando y control alternativo e ideal para coordinar las fuerzas estratégicas y la defensa de la nación o las acciones de la autoridad civil durante la gestión de emergencias y catástrofes.

Las 4 aeronaves E-4B actualmente en servicio están adscritas al Ala 55 de la USAF y son operadas por el primer Escuadrón de Mando y Control Aerotransportado (ACCS) del Mando Aéreo de Combate (ACC) desde Offut AFB (Nebraska), su base operativa y cuartel general del ACC.

Al menos uno de los 4 aparatos E-4B se mantiene en alerta permanente (24/7) a disposición de la autoridad de mando nacional en cualquier parte del país o del mundo desde bases operativas avanzadas (FOB).

Los E-4B operan por mandato de la Junta de Jefes de Estado Mayor a través del Mando Estratégico (STRATCOM, Strategic Command), que aporta el personal técnico a sus operaciones aéreas. El Mando Aéreo de Combate (ACC), por su parte, aporta el personal de vuelo, mantenimiento, seguridad y comunicaciones.

Denominado inicialmente Puesto de Mando Aerotransportado para Emergencias Nacionales (NEACP, National Emergency Airborne Command Post), el E-4B cambia en 1994 su denominación por la de Centro Nacional de Operaciones Aerotransportado (National Airborne Operations Center, NAOC).

[El E-4B es apodado ‘Doomsday Plane’ (Avión del día del juicio) en alusión a su misión de dirigir la eventual respuesta nuclear de EEUU ante un ataque de esta naturaleza]

(*) Desde 1994 el E-4B puede prestar apoyo a la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) si ésta lo requiere como puesto de mando para la gestión de catástrofes o emergencias civiles.

Características

El E-4B es una versión militarizada del reactor civil Boeing 747-200 de largo alcance. Su planta motriz está compuesta por 4 motores turbofan General Electric CF6-50E2 de 23.814 kilogramos de empuje unitario, que le otorgan una velocidad de crucero de 523 nudos (969 Km/h). Su techo de vuelo es superior a los 13.000 metros y su autonomía máxima es de 11.482 kilómetros (6.200 millas náuticas) a una altitud de crucero de 9.000 metros. El E-4B puede ser reabastecido en el aire, lo que le permitiría operar ininterrumpidamente durante 72 horas.

La cubierta principal de la aeronave, de 429 metros cuadrados, está compartimentada en 6 zonas: área ejecutiva (a proa); área de operaciones; área de comunicaciones; sala de briefings; sala de conferencias; y área de descanso del personal de misión. La cubierta superior alberga la cabina de pilotaje y el área de descanso de la tripulación de vuelo.

La aeronave tiene capacidad para 112 tripulantes entre personal de vuelo, especialistas de misión de los distintos servicios armados y líderes civiles o militares. La tripulación conjunta habitual en un turno rutinario de 8 horas es de 60 militares, 40 de ellos pertenecientes al personal de operaciones del Ala 55 de la USAF y 20 al personal del Mando Estratégico.

El fuselaje, la aviónica y los sistemas electrónicos del E-4B cuentan con escudos de protección contra los efectos térmicos, radiológicos y los pulsos electromagnéticos (EMP) resultantes de las explosiones nucleares. Su potente sistema de acondicionamiento de aire refrigera los sistemas electrónicos críticos, evitando su sobrecalentamiento, y regula la atmósfera de la cabina.

El E-4B va equipado con una electrónica avanzada y con una amplia diversidad de sistemas de comunicaciones analógicos y digitales de alcance global, incluidos los vía satélite, apoyados en la red del Sistema de Comunicaciones por Satélite de la Defensa (DSCS-2). La aeronave dispone de una antena para comunicaciones por satélite de súper alta frecuencia (SHF) de 83 centímetros de diámetro alojada en un carenado dorsal sobre el fuselaje del aparato.

Los sistemas de radio del E-4B operan en toda la gama de frecuencias del espectro de comunicaciones por radio, desde los 14 kilohercios a los 8,4 gigahercios. El E-4B también va equipado con 2 antenas remolcables de 1.500 metros de longitud de baja frecuencia (LF) y de muy alta frecuencia (VHF) que permiten a la aeronave comunicarse con submarinos en inmersión, especialmente con los submarinos lanzamisiles balísticos (SSBN).

El E-4B puede captar así mismo las señales de televisión, que pueden ser visionadas través de las pantallas planas situadas en los distintos compartimentos de la aeronave.

La aeronave dispone de avanzados sistemas de navegación, vigilancia y gestión del tráfico aéreo que le posibilitan operar de forma independiente desde aeropuertos civiles o instalaciones militares extranjeras.

En la cabina de pilotaje convive aún la aviónica digital con muchos sistemas analógicos, mucho más resistentes a los efectos de un pulso electromagnético (EMP).

Versiones

La versión inicial del aparato, la E-4A, entró en servicio con la USAF en Diciembre de 1974 como reemplazo del EC-135J como puesto de mando aerotransportado para emergencias nacionales (NEACP). El primer aparato de la versión E-4B fue entregado a la USAF en Enero de 1980. La conversión de los restantes E-4A al estándar E-4B fue completada en Marzo de 1985.

Boeing EC-135 Nightwatch, USAF

Las principales innovaciones introducidas en la versión E-4B son la integración de los sistemas de comunicaciones SHF vía satélite bajo el carenado dorsal exterior del fuselaje, el sistema de repostaje en vuelo y la actualización de los sistemas de mando, control y comunicaciones (C3). Estas modificaciones dotan al E-4B de capacidad operativa y de comunicaciones de alcance global.

En 2006 la USAF recibió el primer E-4B actualizado con un sistema de comunicaciones digital encriptado de fibra óptica con acceso de banda ancha para la transmisión de datos, voz y vídeo. La innovación más reciente en materia de comunicaciones es la incorporación del sistema de acceso a la red de satélites avanzados de extrema alta frecuencia (AEHF), que proporciona comunicaciones de alta prioridad, globales, seguras y protegidas contra interferencias a los activos militares de los Estados Unidos en todo el mundo.

El ciclo de revisión integral y modernización de los sistemas de la flota de E-4B deja fuera de servicio temporalmente cada 4 años a uno de los 4 aparatos operativos.

La flota de E-4B realiza anualmente, por término medio, unas 50 misiones internacionales en apoyo de los líderes norteamericanos.

Considerando las modernizaciones realizadas en cada uno de los E-4B durante sus 35 años de servicio, el precio unitario estimado de estos aparatos es de alrededor de 1.000 millones de dólares.

[Si bien el E-4B NAOC comparte cierta apariencia exterior y características técnicas comunes con el VC-25A, éstas son dos aeronaves con distinta misión. El VC-25A ‘Air Force One’ es la aeronave ejecutiva presidencial, mientras que el E-4B Nightwatch es un puesto de mando militar aerotransportado para emergencias nacionales. No obstante, el E-4B adoptará el indicativo de radio ‘Air Force One’ cuando el presidente se encuentre a bordo de la aeronave]

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 Arriba: Boeing E-4B Nightwatch NAOC, USAF

Arriba: Boeing VC-25A Air Force One sobrevolando Mount Rushmore

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Créditos: United States Air Force (USAF)