Tutorial: Armas químicas 101

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Las llamadas armas químicas son el conjunto de agentes químicos tóxicos y sus precursores, así como las municiones y dispositivos de dispersión, específicamente diseñados para causar la muerte o infligir daño severo a través de los efectos causados por las propiedades tóxicas de las sustancias empleadas con fines militares.

Lamentablemente, buena parte de las sustancias y elementos químicos de uso industrial tienen un uso dual y constituyen también precursores para la fabricación de armas químicas, lo que dificulta el control y la verificación por parte de los instrumentos internacionales en vigor que regulan la no proliferación de este tipo de armas.

La Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción, el almacenamiento y el empleo de armas químicas y su destrucción es el tratado internacional que vela por la no proliferación y la destrucción de estas armas. La Convención entró en vigor el 29 de abril de 1997 y su depositario es el Secretario General de las Naciones Unidas.

España es desde el 13 de enero de 1993 uno de los 188 estados firmantes de la Convención, además de Israel y Myanmar, que aún no la han ratificado. Tan sólo 5 países no son parte de la Convención: Siria, la República Democrática Popular de Corea del Norte, Egipto, Angola y Somalia.

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Clasificación de los agentes químicos de uso militar

Los agentes utilizados en la guerra química se pueden clasificar de acuerdo con su persistencia en el medio ambiente, su grado de letalidad o sus efectos sobre el organismo humano.

Persistencia

Los agentes químicos de uso militar se clasifican, de acuerdo con su duración y eficacia, en agentes persistentes y no persistentes, pues estos últimos se disiparán rápidamente una vez empleados por la incidencia de factores medioambientales, como el viento o la lluvia.

Los agentes persistentes son aquellos de lenta dispersión por su forma sólida o líquida y entrañan un gran riesgo por inhalación de vapores o contacto cutáneo durante largos períodos en la zona contaminada.

En contraposición a estos, los agentes no persistentes presentan una forma gaseosa o en aerosol que facilita una dispersión rápida a corto plazo por la zona objetivo favorecida por factores ambientales como el viento.

Letalidad

De acuerdo con la finalidad de su empleo en operaciones militares, las armas químicas se clasifican en agentes letales, cuyo propósito es infligir el mayor número de bajas en las filas enemigas; agentes dañinos, ideados para causar daños transitorios o permanentes entre el personal desprotegido, a los que podrían llegar a causar la muerte; y los agentes incapacitantes, diseñados para reducir la eficacia del combatiente.

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Efectos sobre el organismo

Los agentes químicos entran en contacto con el organismo principalmente por inhalación a través de las vías respiratorias, contacto cutáneo a través de la piel e ingestión de comida y bebida contaminada.

Los principales síntomas de envenenamiento químico son la irritación de los ojos, el oscurecimiento de la visión, los dolores de cabeza repentinos, la presión en el pecho, dificultad respiratoria, náuseas, vómitos o una abundante secreción de mucosidad y salivación intensa.

A tenor de los efectos que pueden producir en el organismo, los agentes químicos de uso militar se clasifican en las siguientes categorías:

Agentes asfixiantes

Impiden la llegada de oxígeno al torrente sanguíneo y de éste a los tejidos, provocando la muerte por asfixia. Los agentes asfixiantes más comunes son los derivados del cianuro.

Agentes sofocantes

Atacan y dañan los pulmones y las vías respiratorias. Los tejidos afectados producen grandes cantidades de fluidos que anegan los pulmones, bloquean las vías respiratorias y provocan la muerte por asfixia. Los agentes sofocantes son el cloro y el fosgeno, muy empleados durante la I Guerra Mundial en la guerra de trincheras. Curiosamente, el fosgeno tiene un aroma parecido al del heno recién segado.

Agentes enervantes

Producen la parálisis del sistema nervioso reflejo y, en consecuencia, la interrupción de las funciones corporales básicas como la respiración, la visión o la coordinación muscular causando una muerte rápida a la víctima que haya entrado en contacto con el agente.

Todos los agentes enervantes son letales para el personal desprotegido, aunque algunos de ellos pueden penetrar cierta clase de materiales. Su forma habitual es gaseosa, incolora e inodora y son de acción extremadamente rápida.

Los agentes enervantes son de dos tipos: Agentes G, gases no persistentes como el Tabún (GA), Sarín (GB) y Somán (GD); y Agentes V, de carácter persistente, como el VX, el VR55 o el ruso Novichok, que pueden presentar diversas formas de dispersión, como líquido, polvo, aerosol o vapor.

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Agentes vesicantes

Si bien pueden llegar a ser letales, los agentes vesicantes se consideran dañinos. Producen la destrucción superficial del tejido orgánico al entrar en contacto con el agente, que causa graves ampollas y un fuerte impacto psicológico por sus efectos sobre la piel. El llamado Gas mostaza (HL) y la Oxima de fosgeno (CX) son los agentes vesicantes más conocidos y han sido empleados por Irak durante la guerra con Irán.

Agentes incapacitantes

Se trata de agentes que producen efectos temporales de diversa duración sobre las funciones corporales o cerebrales, incapacitando al combatiente. El LSD se considera un agente incapacitante. En esta categoría cabe mencionar también el BZ, un agente de potentes efectos alucinógenos.

Además, cabe mencionar otros agentes como los defoliantes, concebidos para acabar con la vida vegetal y dejar al descubierto las rutas de abastecimiento y posiciones enemigas en zonas de bosque o jungla. El más conocido es el tristemente famoso agente naranja (denominado así por su color), empleado de forma masiva por EEUU en la Guerra de Vietnam y que resultó ser cancerígeno.

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Finalmente, los gases lacrimógenos o el gas con extracto de pimienta constituyen agentes químicos no letales utilizados como arma antidisturbios por las fuerzas de seguridad. Por lo general, producen irritación de las vías respiratorias, escozor en la piel y secreción lacrimal intensa, aunque sus efectos son pasajeros una vez cesa la exposición al agente.

Condicionantes medioambientales

Las condiciones meteorológicas reinantes en la zona designada como objetivo de un ataque con armas químicas constituyen un condicionante clave para su eficacia, que se verá considerablemente reducida por factores como el viento, la lluvia, las nubes o la temperatura ambiental.

Doctrina y empleo táctico

La sorpresa es un factor fundamental en la guerra química, por lo que muchos agentes de uso militar son diseñados para ser difíciles de detectar, adoptando una forma incolora e inodora. Normalmente serían dispersados por medio de vectores sigilosos o en combinación con armas convencionales, como los proyectiles de artillería, con el propósito de dispersarlos de manera furtiva sobre la zona objetivo.

Si bien los agentes químicos nunca han resultado un arma decisiva o resolutiva en los campos de batalla en los que han sido utilizados, su empleo puede condicionar la operatividad de las fuerzas enemigas y otorgar una ventaja táctica con distintos propósitos:

  • Dificultar o ralentizar las maniobras del adversario, en apoyo de acciones ofensivas, mermando su capacidad de reacción ante un ataque al obligarle a utilizar equipo de protección y medidas de descontaminación.
  • Canalizar el movimiento del adversario hacia una zona del campo de batalla más propicia para el combate o la defensa al crear un obstáculo o reforzar los ya existentes.
  • Negar o dificultar al adversario la utilización de instalaciones militares o de equipamiento, obligándole a operar en ambiente contaminado y llevar a cabo operaciones de descontaminación de equipamiento y personal.
  • Neutralizar una posición enemiga sin dañarla físicamente y negar al adversario la utilización de una zona de su retaguardia o un área del frente.
  • Infligir pérdidas masivas o bajas en las filas del adversario por medio de la sorpresa o del uso de agentes que éste no pueda combatir con los medios de que dispone, obligándole a empeñar recursos que podría emplear en el frente en atender a las víctimas.
  • Perturbar la logística de retaguardia y las instalaciones industriales del adversario, mermando su capacidad productiva y de abastecimiento de las tropas en el frente.

Los expertos estiman que el uso de medidas de protección NBQR (nuclear, biológica, química y radiológica) reduciría hasta en un 40% la eficacia de una fuerza militar implicada en operaciones, que empeoraría conforme transcurriesen los días de combate en ambiente contaminado.

El equipo de protección NBQR individual resulta muy caluroso, restringe el movimiento y limita la visión, además de hacer dificultosa la comunicación y la satisfacción de las necesidades básicas del combatiente en ambientes contaminados.

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Con frecuencia, las potencias nucleares han esgrimido la amenaza del uso de armas nucleares como eventual respuesta a la utilización de armas químicas o biológicas por parte de sus rivales en los campos de batalla convencionales. Las armas químicas han sido tradicionalmente consideradas el arma nuclear de las naciones más pobres del planeta, dado que son fáciles de producir y sus efectos son potencialmente devastadores para los ejércitos y población civil del llamado Tercer Mundo.

Vectores de lanzamiento

Los medios o vectores de proyección y dispersión de los agentes químicos de uso militar en el campo de batalla son diversos: misiles balísticos, tácticos de teatro y de crucero; proyectiles de artillería y morteros de gran calibre; sistemas lanzacohetes múltiples; bombas de aviación; bombas de racimo y submuniciones; atomizadores acoplados a aeronaves de ala fija, rotor o sistemas aéreos no tripulados (UAS); o incluso minas y granadas especiales.

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Por lo general, todas las clases de municiones químicas son de tipo binario, es decir, albergan dos agentes tóxicos en unidades de almacenamiento independientes que al combinarse por la detonación del proyectil o la cabeza de guerra producen una reacción química de efecto letal, potencialmente más peligrosa que en su forma original. Ello dota de mayor seguridad al almacenamiento, transporte y empleo de estas municiones.

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El estado físico que presentan los agentes químicos que serán proyectados a través de los vectores anteriormente señalados son la forma líquida o atomizada; en aerosol, formando una fina nube de partículas líquidas o sólidas en suspensión en el aire que puede pasar desapercibida a la vista; o en forma de vapor generado por un agente líquido en evaporación.

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Elementos de protección

El equipo de protección contra las amenazas NBQR forma parte del equipamiento básico del soldado de infantería contemporáneo, que debe estar entrenado en su utilización, pues de ello depende su supervivencia en un campo de batalla contaminado.

Habitualmente, el equipo de protección NBQR consta de un traje resistente a la acción de los agentes químicos, una máscara protectora, guantes y chanclos de goma para las botas, todos ellos realizados en materiales especiales.

El infante también cuenta con elementos de detección e identificación de agentes, como sensores portátiles y tarjetas impregnadas en sustancias químicas que reaccionan ante la presencia de determinados agentes en el ambiente.

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La reacción prioritaria ante un ataque con armas químicas es colocarse la máscara, seguida del equipamiento de protección que cubrirá todas las partes expuestas del cuerpo: traje, guantes y chanclos de goma sobre las botas; buscar un refugio para protegerse de la exposición a la contaminación química; y llevar a cabo una descontaminación completa en cuanto sea posible con los elementos individuales o sistemas colectivos.

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Los indicios más habituales que revelan la presencia de agentes químicos en el ambiente son niebla o humo sospechoso, rocío o caída de líquido en forma de lluvia fina sin razones climatológicas aparentes o la existencia de olores extraños. Estos efectos podrán producirse tras bombardeos aéreos y de artillería o la aparición de aeronaves en vuelo bajo sobre la zona de operaciones.

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Buena parte de los vehículos (especialmente los carros de combate, los vehículos de combate de infantería, de mando y reconocimiento), buques, aeronaves e instalaciones militares poseen medidas de protección contra ataques NBQR, a través de compartimentos estancos o sobrepresurizados, lo que crea una atmósfera interior protegida contra la contaminación química, biológica o radiológica (pero no contra los rayos gamma y neutrones emitidos por la detonación de un arma nuclear y nocivos para el organismo humano).

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Durante la Guerra Fría, la extinta URSS destinó ingentes recursos al desarrollo de agentes, medios de protección y descontaminación, así como a la creación de una doctrina de uso de armas químicas en operaciones militares ofensivas, para lo que realizó un gran esfuerzo de preparación de sus unidades mecanizadas para el combate en ambientes contaminados en el teatro de operaciones centroeuropeo.

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Las Fuerzas Armadas españolas se encuentran equipadas y entrenadas para afrontar los riesgos derivados del uso militar o terrorista de armas de destrucción masiva, entre las que se encuentran las nucleares, biológicas, químicas y radiológicas (NBQR).

La unidad del Ejército de Tierra especializada en este tipo de amenazas es el Regimiento NBQR Valencia Nº 1 con base en Paterna, en la Comunidad Valenciana. Se trata de una unidad especializada en reconocimiento y descontaminación NBQR.

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La Unidad Militar de Emergencias (UME) también dispone de equipamiento especializado de descontaminación y sus miembros han sido adiestrados para operar en ambientes contaminados.

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El Ejército de Tierra cuenta, así mismo, con un centro de formación especializado en la materia, la Escuela Militar de Defensa NBQR, con sede en Hoyo de Manzanares (Madrid).

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Una respuesta to “Tutorial: Armas químicas 101”

  1. Julio Says:

    Impresionante y magnifico contenido acerca de las armas quimicas.

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