B-21 Long-Range Strike Bomber (USAF)

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Official U.S. Air Force graphic

La Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) está inmersa en el diseño de la próxima generación de bombarderos estratégicos llamada a reemplazar en torno al año 2025 a los bombarderos de largo alcance del Global Strike Command, como los Northrop B-2A Spirit.

Precisamente la propuesta presentada a la USAF por Northrop Grumman Corporation ha sido la opción seleccionada en 2015 por el Departamento de Defensa para el diseño, desarrollo y producción del nuevo bombardero de largo alcance (LRS-B), cuya designación oficial será B-21.

El punto de partida del concepto de bombardero de nueva generación es la Revisión Cuatrienal de la Defensa estadounidense (Quadrennial Defense Review). Su edición 2006 recogía el objetivo de desarrollar la capacidad de ataque de largo alcance y en profundidad por medio de un nuevo aparato basado en tierra, cuyo despliegue comenzaría a partir del año 2018 mientras se lleva a cabo la modernización de la flota de bombarderos estratégicos tripulados.

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Sin embargo, el programa del bombardero de próxima generación (NGB, Next Generation Bomber) fue cancelado en 2009 por condicionantes presupuestarios como programa de adquisición a gran escala y reemplazado por el concepto de bombardero de ataque de largo alcance (LRS-B, Long Range Strike Bomber). El nuevo bombardero estratégico de la USAF debería alcanzar su capacidad operativa inicial (IOC) entre los años 2024 y 2026.

El Departamento de Defensa de los Estados Unidos estima que la USAF necesita entre 80 y 100 bombarderos de nueva generación para reemplazar a los 20 Northrop B-2A Spirit y 76 B-52H Stratofortress en servicio, garantes de la disuasión nuclear estadounidense desde 1997 y 1962 respectivamente. Los 66 B-1B Lancer en servicio desde 1988 han sido reconvertidos en bombarderos convencionales supersónicos.

Según fuentes oficiales de la USAF, el coste unitario de la próxima generación de bombarderos estratégicos se estima que podría ser de alrededor de 550 millones de dólares, frente a los casi 2.000 millones que ha supuesto la adquisición de cada uno de los 20 B-2A Spirit en servicio. El coste total del programa se estima en 5.500 millones de dólares, aunque sin incluir los gastos de I+D.

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Bombarderos estratégicos B-52H (izda) y B-2A (dcha), USAF

Los bombarderos estratégicos constituyen uno de los 3 pilares de la llamada tríada nuclear estadounidense, junto a los misiles balísticos intercontinentales (ICBM) emplazados en silos terrestres y los misiles balísticos de lanzamiento submarino (SLBM) con que cuentan los submarinos lanzamisiles de la Clase Ohio (SSBN).

La fuerza de bombarderos tripulados de largo alcance constituye un elemento vital para el mantenimiento de la capacidad de proyección de fuerza de la USAF en escenarios convencionales de alta o baja intensidad bélica en cualquier parte del mundo.

Sin embargo, los 20 B-2A Spirit en servicio con la USAF resultan insuficientes para el sostenimiento durante largos períodos de operaciones ofensivas en espacios aéreos hostiles y muy defendidos, mientras que los B-52H y B-1B tienen una capacidad de supervivencia aún menor al carecer de un perfil furtivo (stealth) frente al radar y otros sensores de los actuales sistemas de defensa aérea integrados.

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Bombarderos B-1B Lancer, USAF

Además, la vida media de los bombarderos estratégicos de la USAF es de alrededor de 23 años, lo que los convierte en el inventario más antiguo operado por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos desde su creación en 1947 [Anteriormente la aviación militar estadounidense estaba adscrita al Ejército, bajo la denominación US Army Air Force].

Cinco han sido los grandes programas de bombarderos iniciados por la USAF en los últimos 65 años, de los que 2 fueron cancelados y otros 2 culminaron con la entrega de una fracción de los aparatos previstos en un principio.

Características

La próxima generación de bombarderos estratégicos de la USAF será subsónica en favor de un mayor alcance y carga útil y su diseño incorporará tecnologías de sigilo (stealth), que minimizarán la firma electromagnética, así como la infrarroja y la sección transversal de radar de la aeronave desde todos los ángulos, gracias a la utilización en su construcción de materiales absorbentes de la energía del radar (RAM).

Será una aeronave tripulada todotiempo, con una autonomía de alrededor de 5.550 Km, un elevado techo operativo y una capacidad máxima de armamento convencional o nuclear de algo más de 18.000 Kg.

El aparato deberá cubrir todo el espectro multimisión, desde la disuasión nuclear a las acciones contrainsurgencia o la supresión de las defensas aéreas enemigas (SEAD) y será capaz de operar en solitario en la profundidad del espacio aéreo hostil.

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Las características de su diseño están condicionadas por una drástica reducción de la disponibilidad de bases aéreas propias o aliadas en las áreas de interés estratégico en ultramar; la creciente tecnificación de los potenciales rivales de EEUU, muchos de los cuales cuentan ya con redes de defensa aérea integradas; y la necesidad de dar una respuesta flexible a las llamadas amenazas asimétricas, como las armas de negación de área o de destrucción masiva.

La incorporación de tecnologías de propulsión hipersónica o de la geometría variable y el desarrollo de una variante no tripulada podrían ser opciones de futuro en la evolución del nuevo bombardero, cuyo diseño básico podría ser tomado también como base para el desarrollo de la nueva plataforma de reconocimiento estratégico de la USAF.

La aeronave ha sido concebida a partir de una arquitectura de diseño abierta para la incorporación de tecnologías en desarrollo que permitan la escalabilidad de los sistemas y le otorguen nuevas capacidades por medio de módulos ‘plug and play’.

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La próxima generación de bombarderos estratégicos estadounidenses empleará armamento guiado de precisión desde una o varias bodegas de armas internas que admitirán múltiples configuraciones en función del perfil de la misión a desarrollar, que también podrá ser nuclear. El armamento stand-off de lanzamiento aéreo formará parte del arsenal estándar, mientras que se está estudiando la posible incorporación de misiles aire-aire como elemento de autodefensa.

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Misil crucero Boeing AGM-86B CALCM, USAF

La USAF iniciará próximamente el programa para dotarse de un nuevo misil de crucero stand-off de largo alcance (LRSO-M) con capacidad nuclear llamado a reemplazar a los veteranos AGM-86 ALCM, en servicio desde 1982 y que prevé mantener operativos hasta 2030 gracias a un programa de extensión de su vida útil actualmente en curso. El nuevo misil de crucero de lanzamiento aéreo, que estará disponible en torno al año 2025, constituirá el armamento principal del nuevo bombardero y será compatible con los B-2A y B-52H que se mantengan en servicio.

El misil LRSO estará armado presumiblemente con una cabeza nuclear táctica W80 de hasta 150 kilotones de potencia explosiva con el propósito de neutralizar estructuras y blancos protegidos, como búnkeres.

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Misil crucero Boeing AGM-86B ALCM, USAF

El nuevo bombardero será complementado por otros sistemas de ataque de largo alcance, como un nuevo sistema aéreo no tripulado (UAS) de tecnología furtiva (stealth) actualmente en desarrollo por Northrop-Grumman como parte de un programa clasificado de la USAF.

La capacidad del nuevo bombardero para operar autónomamente será en buena medida el resultado de una mayor conectividad mediante sensores y sistemas de comunicaciones avanzados que integrarán al aparato en la arquitectura tecnológica de las operaciones militares en red, ofreciéndole un flujo de datos de alta velocidad en tiempo real procedente de satélites, activos ISR – como los drones (UAS), los AWACS o los J-STARS – o de cualquier otra plataforma táctica en el campo de batalla.

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Boeing E-8C Joint STARS, USAF

Esto mejorará su flexibilidad operativa gracias a una perspectiva global en tiempo real del entorno de combate y la capacidad de adquirir información crítica sobre objetivos, permitiendo reprogramaciones de misión o el ataque de blancos en movimiento.

La aeronave contará así mismo con la capacidad de operar en entornos de guerra electrónica por medio de avanzados sistemas de contramedidas y de interferencia.

Por todo ello, el LRS-B será una aeronave dotada de una gran capacidad de penetración y supervivencia en espacios aéreos hostiles y constituirá una plataforma que dotará la USAF con la flexibilidad estratégica necesaria para la proyección del poder aéreo desde los Estados Unidos continentales en cualquier momento y lugar del mundo.

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Northrop B-2A Spirit, USAF

Fuentes: USAF; Congressional Research Service, US Congress; IHS Jane’s Defense Weekly, Boeing Company, Air University.

© ERP, 2015. Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este contenido, por cualquier medio, sin la autorización expresa del titular del copyright.

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